TIBURONES EN EL RÍO: LA PRUEBA

Marzo de 2012. 140 nadadores del grupo de natación integrada Los Tiburones del Paraná recorren los casi quince kilómetros que separan la costa de la ciudad argentina de Colón de la localidad uruguaya de Paysandú, atravesando el río Uruguay. La maratón, articulada a partir de un sistema de postas en el que cada grupo de diez nadadores se lanza al agua durante diez minutos para luego ser relevado, implica cuatro horas continuas de nado. 40 embarcaciones y cerca de 300 personas completan la expedición. 100 de esos nadadores tienen algún tipo de discapacidad.

Los Tiburones celebran además el decimoquinto aniversario de la proeza particular por la que han alcanzado celebridad. En marzo de 1998, siete chicos con diferentes patologías que forman parte de la composición inicial del grupo nadan por primera vez en el río Paraná, que bordea la margen este de la ciudad de Arroyo Seco y es uno de los cauces fluviales más importantes del continente. Nunca antes ha sucedido algo así en el país. Desde entonces, una vez al año, repiten con puntualidad esta experiencia de nado en aguas abiertas, una apuesta inédita y ambiciosa que ellos han convertido en hábito.
“Hemos torcido la realidad y la dirigimos hacia un sueño. Este sábado lo vamos a concretar”, dice Patricio Huerga, el profesor de natación que comanda al grupo desde sus orígenes, poco antes de comenzar la prueba con la que unirán dos países. El nadador más pequeño de la maratón, que debuta en aguas abiertas, tiene 18 meses. El mayor supera los 60 años.

De acuerdo a las estimaciones de la Prefectura Naval Argentina, el operativo acuático implica cubrir a nado una distancia de diez kilómetros que se extiende entre el balneario Piedras Coloradas de Colón —una pequeña localidad de frontera ubicada en el este de la provincia de Entre Ríos— y el puente internacional General Artigas; y, desde allí, otros dos kilómetros, hasta alcanzar el puerto de Paysandú, en el Uruguay. La presencia de Los Tiburones convulsiona a las dos ciudades. A la numerosa comitiva y a los espontáneos se suman las autoridades políticas de la región. Cerca de las siete de la tarde llegan a destino. Lo han conseguido. Otra vez.
Una unidad de realizadores del equipo de Abrazos de Agua registra minuciosamente cada alternativa del cruce. Ese material es el punto de partida para el documental que integrará la saga de contenidos del proyecto transmedia. El rodaje es también una especie de maratón. El desafío central es el de conseguir un retrato expansivo de un episodio intenso y desbordante en el que cada detalle parece insustituible, en el que cada nadador produce una determinada fascinación. Al cabo de la jornada, el equipo consigue unas ocho horas de grabación: dos veces el tiempo que ha tomado la prueba.

“La verdad es que estamos todos locos”, comenta Patricio en unas declaraciones formuladas ante la prensa, antes o después del cruce. Es habitual que apele a la locura para elaborar el autorretrato del colectivo. Acaso pueda recurrirse también a la metáfora acuática y escribir que para sus miembros el grupo sea la línea de flotación.